Ayer por la tarde el Teatro Municipal de Torrevieja se convirtió en un escenario mágico gracias al estreno local de La Cenicienta, el musical con ritmo de los 50. Una producción llena de energía, color y nostalgia que no solo devolvió al clásico cuento al corazón infantil, sino que sorprendió también a todos los que aman la música, el baile y la puesta en escena con sabor retro. Desde los primeros acordes se percibía que cantantes, bailarines y actores lograron cohesionar una atmósfera vibrante, marcada por coreografías bien ensayadas, vestuarios que evocaban la estética de los años 50 (con chaquetas, faldas de vuelo, peinados definidos) y una iluminación que acompañaba cada número musical, destacando cada gesto, cada movimiento, cada emoción.
La historia, conocida por todos, cobró una dimensión nueva gracias al toque musical y estilístico: Cenicienta no sólo espera su momento, sino que baila, canta, sueña con ritmo de rock’n’roll, doo-wop y mambo. El príncipe, los personajes secundarios, las hadas, hermanastras y sirvientes no quedan relegados al fondo sino que participan activamente, dialogando y contendiendo por la atención del público con sus voces y coreografías.
El escenario estaba lleno, lo que ya de por sí es un éxito en estos tiempos, y la respuesta ciudadana fue rotunda: risas, aplausos, miradas cómplices entre asiento y asiento, y más de uno conmovido al ser testigo del momento en que Cenicienta descubre finalmente su identidad y su lugar en el mundo. El musical logró algo poco frecuente: entretener a pequeños y mayores por igual, haciendo que quienes no conocen la historia desde siempre encontraran en ella algo nuevo, y quienes la recuerdan mil veces la vivieran de nuevo.
Se sintió también el esfuerzo detrás: los ensayos previos, el dominio de los coros, la sincronización en los bailes, la solvencia de los decorados, los cambios de vestuario ágiles… Todo eso se tradujo en profesionalidad sin perder encanto, frescura ni calidez.
Al caer el telón, los aplausos inundaron la sala, muchas tablas fueron saludadas, los intérpretes se brillaron en los saludos finales y hubo ovación. Quedó claro que este musical no es solo una más de tantas representaciones locales: ha elevado el listón, ha ofrecido espectáculo, ha hecho que los espectadores salgan con una sonrisa, con ganas de compartir lo vivido.
Si este fue el primero, que no sea el último: La Cenicienta, el musical con ritmo de los 50 se convierte ya en una experiencia a recordar en Torrevieja, un referente para los que creen que el teatro puede (y debe) conjugar tradición, modernidad, pasión y sonrisa.

