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La Mata vivió ayer una de esas tardes que ni la mismísima paella de los domingos podría digerir sin atragantarse de carcajadas. La calle San Roque se convirtió en un improvisado circuito de alta velocidad —o más bien de alta resbalada— en el que las ruedas fueron sustituidas por asas de hierro y las carrocerías por flamantes paelleras tuneadas al estilo “Do It Yourself”. El II Descenso en Paellera 2025, organizado por Las Peñas, volvió a confirmar que en este rincón de Torrevieja la imaginación y el arroz tienen mucho más en común de lo que parece.

Los intrépidos pilotos, disfrazados de todo lo imaginable —desde toreros hasta superhéroes con capa chamuscada— se lanzaron cuesta abajo con sus máquinas culinarias, lubricadas con un sospechoso jabón que hacía que aquello pareciera una mezcla entre un “Grand Prix” y un programa de humor de los noventa. Los quitamiedos eran balas de paja, aunque más de uno hubiera preferido un airbag de verdad al ver de cerca la fachada lateral del Ayuntamiento, punto casi obligado de frenada… o de impacto.

La gloria, en forma de jamones, fue para los que lograron recorrer más distancia desde la rampa, según dictaban las bases del reglamento más peculiar que se recuerda en la historia del motor… o del arroz. El concejal de Playas y “Asuntos Materos”, Antonio Vidal, se enfundó un disfraz para ejercer de maestro de ceremonias, demostrando que en La Mata no solo se gobierna, también se improvisa con mucho arte.

Tras la locura sobre hierro y fuego, el público y participantes pudieron reponer fuerzas con un buen plato de michirones preparados por Tomás Arenas en Las Jarras Plaza, porque aquí hasta los garbanzos saben que son parte del espectáculo.

El veredicto final fue unánime: nadie salió herido, salvo el orgullo de alguna paellera abollada, y la risa generalizada demostró que este descenso no solo es una competición, es un deporte de riesgo con denominación de origen. Viendo el éxito y el entusiasmo, ya se da por hecho que en 2026 el III Descenso de Paellas llegará cargado de más jabón, más disfraces y, seguramente, más jamones.