Ayer noche el humor inundó el Auditorio Internacional de Torrevieja con la actuación de Los Morancos, que presentaron el espectáculo “Bis a Bis” dentro de la programación cultural del cuarto trimestre organizada por la concejalía de Cultura. Los hermanos César y Jorge Cadaval, originarios del barrio sevillano de El Tardón, en Triana, ofrecieron un show lleno de ritmo, parodias de rabiosa actualidad, crítica social envuelta en chistes, música y momentos de gran complicidad con el público.
Desde los primeros instantes se palpo una atmósfera vibrante: el aforo prácticamente completo, las risas anticipadas, la expectación por ver cómo Los Morancos reconstruyen sus personajes míticos y los introducen en situaciones nuevas, ligeras pero incisivas. “Bis a Bis” juega con una trama central ingeniosa: una ley ficticia —la “Ley Mostaza”— convierte lo que antes era humor permitido en delito, provocando que los humoristas españoles acaben entre rejas, y de ahí surge una aventura absurda, divertida, que permite a los Cadaval explorar con ingenio los límites del humor actual.
El espectáculo se mueve entre sketches clásicos, imitaciones, colaboraciones visuales (vídeo, iluminación) y música al vivo, mezclando lo que el público espera de Los Morancos con nuevas ideas que refrescan la propuesta. No faltaron sus personajes más queridos —Omaíta, Antonia, entre otros— ni los momentos en los que se sienten cercanos, improvisando y haciéndonos partícipes, haciendo que el público no solo mire, sino que se sienta dentro del show.
La puesta en escena se adapta bien al escenario del Auditorio: la escenografía no busca ser ostentosa, sino eficaz; el vestuario, la música y los cambios de ritmo están pensados para mantener la atención, para generar contraste entre lo surrealista y lo cotidiano. También hay espacio para la reflexión disfrazada de carcajada, algo que Los Morancos dominan con maestría: muestran con humor los excesos, contradicciones y rigideces de la sociedad, sin caer en lo ofensivo, pero sí señalando lo que nos incomoda.
Al final, los aplausos fueron merecidos y largos. La gente salió con la sonrisa puesta, comentando líneas, personajes o momentos concretos que les habían hecho reír o pensar. Hay quienes decían “es como si hicieran un resumen de lo que nos pasa, pero con gracia”.
