Anoche, sobre las nueve y media, una vecina del centro de Torrevieja se llevó el susto —o la sorpresa— de su vida al descubrir que tenía un invitado inesperado en el salón: un buitre leonado. El ave, que según parece cayó por el patio de luces, decidió entrar por su cuenta y acomodarse en el sofá, tal vez pensando que, ya que estaba allí, no era mala idea ver un rato la televisión antes de seguir viaje.
Tras la escena digna de una comedia, la realidad es que el buitre leonado (Gyps fulvus) es una especie protegida incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). En esta época del año, estas majestuosas aves realizan desplazamientos migratorios o dispersivos que a veces las confunden: los ejemplares jóvenes, o los que se enfrentan a fuertes vientos —como los que soplaron antes de ayer por la tarde— pueden perder altura y acabar aterrizando donde menos se espera. De hecho, ayer por la mañana otro buitre fue avistado posado tranquilamente sobre una grúa en la calle Villa de Madrid, lo que demuestra que Torrevieja se ha convertido, al menos por unos días, en punto de descanso para viajeros alados.
En el caso del intrépido visitante de anoche, la vecina avisó de inmediato a la Policía Local, que activó a la Unidad de Medio Ambiente. Con ayuda del servicio municipal de recogida de animales, el buitre fue trasladado sin incidentes al Albergue Municipal, donde pasó la noche probablemente aún sorprendido por su aventura urbana.
A primera hora de la mañana, personal del Centro de Recuperación de Especies Silvestres de la Conselleria de Medio Ambiente, en Santa Faz (CRFS-Alicante), se hizo cargo del ave para examinarla, alimentarla y devolverla a la libertad en cuanto recupere fuerzas. Según los técnicos, todo apunta a que el animal simplemente estaba exhausto tras su largo vuelo y los vientos adversos que lo desviaron de su ruta.
El protocolo municipal funcionó con eficacia y rapidez, y el rescate se resolvió sin incidentes, gracias a la coordinación entre la Policía Local, el servicio de recogida y el centro de recuperación. Una historia con final feliz y un protagonista inesperado que, por una noche, cambió los riscos por el sofá y las corrientes térmicas por una lámpara de techo.
