
Fernando Guardiola
Director de “Objetivo Torrevieja”
Día trágico ayer para Cataluña y España con el atentado que acabó en masacre, con al menos trece muertos y más de cien heridos, entre los que habían niños y turistas de más de veinte nacionalidades. Tenemos que remontarnos al 11-M de 2004 para encontrarnos con un atentado de estas dimensiones. Y ni con esas aprendemos. Solo hay que echar un vistazo a las redes sociales para leer verdaderas barbaridades cargadas de xenofobia y odio hacia todo lo que huela a árabe, midiendo a todos, con el mismo rasero, ese con el que solo hay que medir a una sarta de asesinos sin escrúpulos, que no merecen otra cosa que el más duro de los castigos y pudrirse en la peor de las cárceles. Esos que dicen matar en nombre de no sabe qué Dios, fanáticos sin escrúpulos, fruto de la ignorancia y las enseñanzas recibidas el “madrasas”, solo merecen el odio y el desprecio; pero frente a ellos a cientos, miles de miles que conviven con nosotros todos los días y están integrados en nuestro pueblo, en nuestra comunidad y que aborrecen casi más que nosotros esos actos. Y por si no fuera poco el espectáculo mediático de nuestro “pobres” políticos, que anteponen sus intereses de partido, sus ansias de separatismo, su lengua y su idiosincrasia a la causa común. Es vergonzoso que los dos poderes, por una parte el autonómico de la Generalitat de Puigdemont y por otra el estado central, con Rajoy a la cabeza, no se unan en una rueda rueda de prensa común y tenga que darla el primero en catalán y en su feudo del palacio de la Generalitat y por otro lado el presidente del Gobierno de España en la sede la Delegación del Gobierno. Se echó de menos un abrazo de dolor entre ambos que escenificara la rabia y la pena que sentimos todos los españoles. Un dolor extensivo al pueblo de Cataluña, a las víctimas, a los heridos y a sus familiares,… a los políticos un “cero patatero”, por chauvinistas, aprovechados e insensibles al clamor de la ciudadanía, no solo de la ciudad condal, de Cataluña, sino de España, esa de la que quieren separarse, aunque sea “in articulo mortis”.
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