El litoral de la Vega Baja volvió a ser protagonista este fin de semana con la inesperada aparición de decenas de ejemplares del conocido dragón azul, un pequeño pero vistoso invertebrado marino que está dejando asombrados a vecinos y visitantes. Los primeros avistamientos se produjeron en la playa de La Mata, en Torrevieja, y en varios puntos de Guardamar del Segura, extendiéndose después a otras zonas costeras de la comarca.
En el caso de Torrevieja, ondea la bandera amarilla como medida preventiva, aunque en este caso está motivada por la presencia de medusas y no directamente por estos curiosos animales. De momento, no se han registrado incidencias ni picaduras, pero la recomendación es extremar la precaución.
El dragón azul, cuyo nombre científico es *Glaucus atlanticus*, es un molusco de apenas unos centímetros de longitud que flota en la superficie gracias a una bolsa de aire en su interior. Su belleza cautiva: cuerpo plateado, tonos azul eléctrico y formas que recuerdan a una criatura fantástica. Sin embargo, tras su apariencia exótica se esconde un animal capaz de provocar dolorosas picaduras, especialmente peligrosas para niños, personas mayores o personas con la piel más sensible.
La intensidad de su picadura depende, en gran medida, de su alimentación. Estos invertebrados se nutren de medusas y otros organismos urticantes, almacenando en su propio cuerpo las células urticantes de sus presas. Cuando se alimentan de especies tan temidas como la carabela portuguesa, su contacto puede llegar a ser especialmente dañino. En este caso, la buena noticia es que en las playas de Guardamar y Torrevieja únicamente se han localizado dragones azules, sin presencia de caravelas.
La llegada cada vez más frecuente de estos animales a las costas de la Vega Baja podría estar relacionada con los cambios en las corrientes marinas y las temperaturas del agua. Los expertos señalan que no es extraño que especies oceánicas aparezcan arrastradas hacia la costa en determinadas épocas del año, lo que convierte cada avistamiento en un fenómeno tan llamativo como inquietante.
Por ahora, la presencia de dragones azules en el litoral no supone una amenaza grave, pero sí una llamada a la prudencia. Los socorristas y servicios de vigilancia de las playas recomiendan evitar tocar cualquier ejemplar que aparezca varado en la arena o que se acerque a la orilla, ya que incluso en estado inerte pueden producir reacciones en la piel.
La sorpresa por la llegada de estas pequeñas criaturas marinas ha despertado también la curiosidad de los bañistas, que no han dudado en fotografiarlos y compartir las imágenes en redes sociales. Un recordatorio de que el Mediterráneo, además de ser un espacio de ocio, guarda tesoros naturales fascinantes y, en ocasiones, también un tanto peligrosos.
