Álbum, pinchando sobre la foto

La Casa de la Tercera Edad de San Pascual se tiñó de misterio y alegría este 30 de octubre con la celebración de su tradicional Fiesta de Halloween. Un evento que, lejos de buscar el susto fácil, apostó por la imaginación, el compañerismo y el espíritu festivo que caracteriza a este querido centro.

El acto giró en torno a un sorteo especial de regalos, que mantuvo la expectación durante toda la jornada. El recinto, decorado con gusto y originalidad, combinaba los símbolos clásicos de Halloween con detalles de humor y ternura. En el patio, entre las baldosas levantadas, se recreó un curioso “asentamiento arqueológico” en el que calaveras, lápidas y objetos cotidianos simulaban los restos de un antiguo poblado. Al caer la noche, los juegos de luces envolvieron el lugar en una atmósfera misteriosa, consiguiendo un efecto tan sorprendente como encantador.

Como gesto simbólico, cada invitado recibió al inicio una rosa negra, recuerdo de una velada pensada para disfrutar sin prisas y con una sonrisa. Entre sorteo y sorteo se hizo una pausa para la merienda, donde el chocolate caliente con bizcocho se convirtió en el protagonista más dulce de la tarde, muy celebrado por todos los asistentes.

El premio especial, acumulado durante casi dos meses, fue entregado entre aplausos y entusiasmo, tras concederse más de quince regalos a la afortunada ganadora.

La diversión continuó con un concurso de disfraces que puso de manifiesto la creatividad de los participantes. El jurado, formado por miembros del ficticio “asentamiento arqueológico”, tuvo una decisión difícil: los disfraces, ingeniosos y muy elaborados, merecieron el reconocimiento unánime, por lo que todos los concursantes fueron declarados ganadores y recibieron un obsequio.

La fiesta concluyó con un gesto entrañable: la presidenta, Begoña del Valle, entregó a cada asistente un calendario del año 2026 con la imagen de San Pascual. Un detalle que simbolizó el agradecimiento del centro por la implicación, la alegría y el entusiasmo con que sus mayores dieron vida a esta jornada tan especial.

En San Pascual, el miedo se transformó en magia, y Halloween volvió a ser una celebración de convivencia, humor y cariño compartido.