Álbum, pinchando sobre la foto

El ciclo “Flamenco y Sal” celebró ayer su séptima edición en el Auditorio Internacional, aunque esta vez el compás sonó bajo techo. La amenaza de lluvia obligó a trasladar el evento del jardín al Hall del recinto, pero ni el cambio de escenario ni las nubes lograron restar brillo a una velada que mezcló, como ya es tradición, el arte del flamenco con el placer de una buena copa.

El espectáculo, titulado “Esencia Flamenca”, corrió a cargo del ballet de flamenco de Ramón Zamaro. Sobre el escenario, cuatro artistas —Ramón Zamaro, Mamen Baños, Raquel Fernández y Guillermo Ramos— ofrecieron un recorrido por los palos del flamenco con una propuesta que unió innovación y raíces, sentimiento y técnica, taconeo y temblor. Cada nota de guitarra, cada giro y cada quejío fueron un viaje por la pasión y la historia de este arte tan nuestro.

El público, copa en mano, disfrutó de una tarde que combinó música, baile y degustación de vino o cava, en una experiencia que hizo honor al espíritu del ciclo: saborear el flamenco con los cinco sentidos. Aunque se echó de menos el encanto del jardín iluminado por las estrellas, la cuidada ambientación del Hall y la energía de los artistas lograron que nadie pensara en el mal tiempo.

Además, el evento contó con un servicio de barra y una zona de productos gourmet, cortesía de la tienda especializada Qtalgourmet. Como novedad, se ofrecieron unas exclusivas “Box degustación”, que pusieron el toque gastronómico a una cita donde el arte, la música y la buena mesa se dieron la mano una vez más.

“Flamenco y Sal” volvió a demostrar que el duende no entiende de cielos nublados: basta una guitarra, una copa y un poco de alma para que el arte se desate.