Esta noche, cuando el reloj marque las tres de la madrugada, no entres en pánico si de repente vuelve a marcar las dos. No es un fallo del reloj, ni un portal interdimensional, ni que hayas tomado demasiados cafés. Es simplemente el cambio de hora: volvemos al horario de invierno.
Sí, esa mágica noche en la que “ganamos” una hora de sueño, aunque muchos la invierten en seguir viendo una serie o en preguntarse por qué seguimos haciendo esto cada año. Y es que, oficialmente, el cambio de hora se implantó para aprovechar mejor la luz del día y ahorrar energía, aunque a estas alturas algunos sospechan que lo único que se ahorra es la paciencia de quienes tienen relojes analógicos.
Por un lado, está el equipo “¡Qué bien, dormimos una hora más!”, y por otro, el de “mi cuerpo no entiende de relojes, me va a costar una semana adaptarme”. Y luego están los despistados, que el domingo llegarán una hora antes a todas partes, con cara de madrugadores ejemplares y una sospechosa sensación de haber entrado en una dimensión paralela.
Así que ya lo sabes: esta noche, cuando el reloj marque las tres, vuelve atrás hasta las dos. Aprovecha esa hora extra como prefieras: para dormir, para pensar en tus grandes metas de invierno, o simplemente para reírte del absurdo ritual de adelantar y atrasar el tiempo dos veces al año. Al fin y al cabo, si el tiempo es oro, esta noche nos regalan una monedita de más.
