Jamás, desde que empecé a hacer teatro allá por el 97 (como adolescente), había asistido a una representación que marcase tan claramente las pautas de un nuevo género, de un nuevo movimiento escénico, como ha hecho Manuel Bueno con su nueva basura: el no-teatro. El no-nada. La no-función “Basura” que pudimos sufrir este domingo 8 de mayo fue una absoluta aberración. Y una declaración abierta de la eterna incompetencia de su director y de todos los implicados. Quedó bastante claro que Manuel Bueno es un mentiroso. Se puso en evidencia. Y a todo mentiroso, hay que tratarlo como se merece: como a una rata. No me interesa hacer críticas, no he hecho ninguna crítica de ninguna de las obras de esta I Muestra. Puedo intuir cuáles son los objetivos de cada grupo y apreciar su propuesta en base a esos límites y deseos. Y puedo entrar en el juego que me proponen como espectador. Pero este insulto del domingo me parece demasiado divertido como para obviarlo.

Manifiesto del nuevo no-teatro del mentiroso Manuel Bueno:

1)      El único ser vivo capaz de impresionarse con una no-obra es un cavernícola recién nacido.

2)      La nueva no-obra está caracterizada por su no-propuesta. Una no-propuesta marcada por la ausencia de cualquier atisbo de creatividad, de planteamiento escénico o ideológico. En esta Basura no existe ningún juego escénico. Ningún movimiento actoral mínimamente coreografiado. Nadie debe plantearse ningún mensaje a emitir. Nadie debe plantearse ni un qué ni un cómo. Una decisión estética es una locura en el no-teatro.

3)      La dirección no existe. Es la nueva no-dirección. Comer “bocadillos de chorizo” y echarle el aliento al no-compañero es la única indicación del no-director al nuevo no-actor. Además de adoptar una estúpida actitud de “trucho, trucho, no te escucho” para no ver el mundo más allá de su síndrome de diógenes, actitud más propia de los políticos a los que pretende criticar.

4)      El nuevo no-director miente como una rata. Emite juicios con su escaso conocimiento teatral, poniéndose en evidencia constantemente al subirse a un escenario. Al nuevo no-director siempre se le debe escapar la fuerza por la boca.

5)      El nuevo no-espacio escénico sólo existe para cagarse en él. Llenar el espacio de basura con un diseño escenográfico patético está a la orden del día. Todo lleno de trastos puramente decorativos y gratuitos sin ninguna utilidad para el no-hecho teatral. Las cosas están por ahí tiradas pero no sirven para nada porque ningún no-actor las toca. Como se puede leer más arriba, no existe ningún planteamiento. ¿Para qué? Los no-actores se limitan a balbucear, vocal y físicamente, en un estrecho pasillo en proscenio, de izquierda a derecha y otra vez a empezar. El aburrimiento visual es la primera meta del no-teatro. La segunda es ser totalmente incapaces de crear un nuevo espacio de actuación, una localización o un código escénico. ¿Dónde coño están los personajes? Nada se mueve, nada cambia, nada sorprende, todo está muerto (incluido los no-actores). En el nuevo no-teatro el escenario debe desaprovecharse al máximo, cuantos menos metros queden para no-actuar, mejor. Para recoger basura de la calle se necesita una subvención.

6)      La iluminación no es importante. Es la no-iluminación. El único espacio de actuación (el proscenio, es de risa) iluminado por calles para que un 70% de las dos horas infumables de no-representación se las pasen los no-actores a oscuras. Cuanto menos se vean las caras de los no-actores, mejor. Cuanto más se tapen la luz entre ellos, mejor. Siempre hay que hacer presente la incompetencia, por eso en una especie de “comedia” hay que iluminar a los actores de forma cenital, para que se queden bien marcadas las sombras de las cuencas de los ojos y tengan un aspecto trágico o terrorífico. Siempre debe hacerse notar la incompetencia y la falta de control de los mensajes que se desean emitir. La semiótica escénica es un concepto caduco, porque, como ya hemos dicho, el planteamiento previo nunca debe existir. Un ciclorama iluminado de rojo todo el rato para rellenar, sin ningún sentido, siempre queda resultón. Además, cuanto más saques de quicio al técnico de sala por llegar sin un diseño de luces, mejor (Esto no se sabe muy bien si forma parte de los estatutos del manifiesto o es por inutilidad pura y dura).

7)      El sonido no existe. La música no comunica nada. Sólo sirve para adornar entre oscuro y oscuro porque las transiciones, como ya sabemos, no se plantean. Porque lo que no esté vomitado en un papel por el no-director no existe. Creatividad cero. Oscuros, como antaño, como el teatro bien casposo. Escondiendo, mintiendo. Las pistas de música deben pincharse como el culo, cortarse de golpe sin sentido y, cómo no, también deben servir para exponer el apestoso gusto musical de su no-director (¿Melendi en una obra de teatro?)

8)      El nuevo no-texto debe ser escrito en menos de una hora. Y nunca debe revisarse. Creo que esto lo explica todo.

9)      El nuevo no-director es un no-entrenador de no-actores. Una especie de no-Grotowski. La rata puede buscarlo en Google y decir que lo conoce, y eso que es básico, pero ya ha quedado claro que la rata siempre miente. Hay que desintoxicar a los no-actores. Sería mejor que directamente fueran envenenados y no se volvieran a subir a un escenario en su puta vida. En el nuevo no-teatro cuanto más mamarracho se sea, mejor. Los no-actores se caracterizan por no ser capaces de decir más de tres palabras sin atrancarse o tomarse un tiempo para recordar el no-texto. No se les debe entender. No deben tener ningún control espacial ni corporal. Cuantos más accidentes sufran en escena y más decorado y sillas tiren, mejor. Siempre hay que hacer evidente la incompetencia. El trabajo vocal no existe, siempre deben aburrir con su no-actuación, su falta de registros, su monotonía tonal, su dicción ininteligible y su búsqueda desesperada de la risa más fácil de tetaculopedopis. Sólo puede quedar uno como el rey de los mamarrachos: la propia rata. No es capaz de salir a escena con el mismo vestidito, enseñando lo peor de sí mismo, acaparando la atención, echándose hacia atrás para forzar la espalda del no-compañero y recibir ese foco de atención tan deseado por reprimidos y frustrados. Mala imitación de la interpretación casposa del año catapún. La falta de ritmo es constante y ningún no-actor entiende nada de lo que dice. Nuevamente, la falta de planteamiento y criterio se impone.

10)  En el no-teatro la homosexualidad siempre debe tratarse como si Franco siguiera vivo.

Manuel Bueno, quedas nombrado oficialmente como mi nuevo saco de boxeo. Eres muy fácil de humillar. Resultas patético hasta para insultarte. Por todo lo que dices y, luego, por todo lo que haces, dejas en manifiesto que lo único que haces bien es mentir. Y llenarlo todo de mierda. Un tipo que se considera transgresor y que trabaja en CajaMadrid. Sí, señor. Jim Morrison te pegaría un tiro en la cabeza.

Te quedas calentico, ya puedes empezar a patalear. A Bob Dylan alguien le gritó “Judas” en un concierto, en Newcastle, creo recordar, en el año 1966. En un concierto en el que tocaba folk durante la primera mitad y rock eléctrico en la segunda mitad. Alguien le gritó “Judas” al comienzo de la mítica “Like a rolling stone”. Dylan contestó: “I don’t believe you. You’re a liar” (“Yo no lo creo. Eres un mentiroso”).

Lo dicho, que te den …

Antonio Espuch

Director de escena.

Ha dirigido espectáculos para compañías como El Hombre Camaleón, Mi Corazón en Formol, Bárbaro Teatro o Les Bouffons.